Arthur C. Clarke predijo la red hace casi 50 años

Algunos de los escritores de ciencia ficción más influyentes y populares, además de su labor literaria, llevaron a cabo en paralelo gran cantidad de investigaciones técnicas y científicas. Uno de los mayores ejemplos es Arthur Clarke (no tan conocido por su nombre completo Sri Lankabhimanya Sir Arthur Charles Clarke), famoso sobre todo por la película 2001 de Stanley Kubrick y la novela El fin de la infancia, en la que se inspiró el Estudio Ghainax para realizar el animé Evangelion.

Clarke, además de un brillante escritor y filántropo, era un especialista en radares y sirvió en la Fuerza Aérea británica durante la Segunda Guerra Mundial y al finalizar esta obtuvo títulos universitarios en matemática y física. Su aporte más importante al mundo curiosamente puede no haber sido su obra literaria sino la idea de utilizar los satélites geoestacionarios en la comunicación.

En el año 1964 Clarke grabó un pequeño video para el programa Horizon de la BBC en el cual predice cómo sería el futuro de la humanidad para el año 2000. Y si bien en un sentido sus predicciones pueden haber sido ligeramente exageradas y basadas en una tecnología que no es la clave de lo que está sucediendo, se acerca a la realidad de una manera sorprendente.

El clip está en inglés, pero para los que no sepan inglés traduzco la parte final (la más importante, a mi parecer):

“Creo que las ciudades pueden no existir para el año 2000. Y no lo digo por las bombas atómicas sino por los increíbles avances en las telecomunicaciones que son posibles gracias a los transistores y los satélites de comunicaciones. Esto hará posible un mundo en el que estaremos comunicados constantemente, sin importar dónde nos encontremos, aún desconociendo la ubicación física de nuestros amigos. Será posible, dentro de 50 años, que una persona haga su trabajo en Tahití o Bali del mismo modo que podría hacerlo en Londres”

Señores, habla de Internet. En un tiempo dominado por los mainframes de IBM que poseían a pesar de su tamaño menos poder de cómputo que cualquier teléfono de hoy en día, cuando las principales redes de comunicaciones cibernéticas no eran más que papers e investigaciones de agencias de inteligencia Clarke predijo y describió sin error alguno una de las características más importantes del mundo de hoy en día.

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